

Siete reclusos fueron llamados uno por uno para ser interrogados por
orden expresa del director de la prisión. Los interrogatorios los
ejecutaron once funcionarios, bajo la supervisión del director, el
subdirector y el jefe de servicios.
Agustín Rueda, un preso anarquista muy vinculado con la
COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha) estaba barriendo el patio cuando
fueron a buscarle. Lo llevaron a la parte baja de la cárcel. Lugar
donde anteriormente se ejecutaba a garrote vil.
Durante horas fue sometido Agustín a torturas, para que delatara a
los presos implicados en el plan de fuga. Cuando acabó el interrogatorio
(porque otro preso ya había cantado), lo trasladaron a una celda de
castigo.
Agustín apenas podía mantenerse en pie y solicitaba asistencia
médica. El médico que le examinó consideró que había cogido humedad
mientras había estado excavando el túnel. El diagnóstico fue acompañado
por una patada en las costillas. Y, media hora después, le lanzaron unas
pastillas para el dolor a través de las rejas.
El estado de Agustín iba empeorando, y repetía constantemente que no
sentía las piernas. Recibió una segunda visita, pero fue otro médico el
que le «asistió», que, como el anterior, restó importancia a su estado.
Aproximadamente doce horas después de haber sido torturado, Agustín
Rueda apenas podía hablar, y se consideró su traslado a enfermería,
donde estaría en observación.
El ingreso en un hospital hubiera supuesto tanto su salvación como la
revelación de las torturas en prisión. Primó, obviamente, ocultar las
torturas.
Agustín Rueda murió en la mañana del 14 de marzo. El juez de guardia
preguntó por el origen de los hematomas visibles en su cuerpo. Ante lo
que el director de La prisión ofreció dos versiones: la primera, que
fueron debidas a una caída por las escaleras. Al aparecer huellas
visibles de la violencia, el director rectificó, alegando que el día
anterior un funcionario se vio obligado a reducir al preso porque este
le sacó un cuchillo cuando se disponía a registrarlo.
La autopsia reveló que la muerte había sido producida por shock
traumático causado por un violento apaleamiento generalizado,
prolongado, intenso y técnico, tras el cual, y hasta el momento de la
muerte, no se había procurado la correcta asistencia médica.
El día 17 de marzo, una gran comitiva condujo a hombros el féretro de
Agustín hasta la plaza de Cibeles. Varias coronas de flores presidían
el cortejo. En una de ellas se podía leer: «que tu sangre encienda la
chispa de la libertad. copel».
A los responsables de la muerte de Agustín Rueda no se les podía
juzgar por homicidio, ya que el delito de torturas no figuraba en el
código penal.
Adelaida Artigado
Más información sobre el caso de Agustín Rueda:
Extraido del Portal Libertario Oaca
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